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Publicación Trimestral del Congreso Mundial Menonita
Tercer y Cuarto Trimestres 2001, Volumen 16, Números 3 y 4
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¿Qué cosas nos tienen preocupados?
Reflexiones de líderes menonitas de todo el mundo

Nota editorial: En la siguiente colección de cortas reflexiones, siete líderes de todo el mundo hablan sobre asuntos que les preocupan en particular en cuanto a la iglesia en sus países o continentes. No hablan oficialmente sino a título personal. Invitamos a nuestros lectores a orar y pensar en estos asuntos.

De Ronald Lizwe Moyo, Bulawayo, Zimbabwe
     1. Amo a mi iglesia y nunca he pensado en salir de ella para unirme a otra, y sin embargo, hay algunas cosas que me preocupan en cuanto a sus actitudes y administración.
     En mi país, la iglesia puede presumir de tener algunas de las más expertas, profesionales y dotadas personas en la comunidad. Lamentablemente, los domingos estas talentosas personas vienen a la iglesia y permanecen sentadas en los últimos bancos. Dejan en sus escritorios los dones que han hecho prosperar a las compañías donde trabajan. No están dispuestos a compartir sus conocimientos con la iglesia. Esta actitud lesiona y mutila a la iglesia.
     ¿Por qué los administradores no pueden poner sus conocimientos a disposición de la iglesia? Esto disminuiría la fatiga y el estrés ocasionados por la administración de la iglesia y haría posible emplear más energía en el ministerio espiritual. ¿Por qué los expertos en finanzas que han ayudado a prosperar a sus imperios comerciales no pueden hacer lo mismo para la iglesia? Un presupuesto sólido sería importante para la promoción de emprendimientos de gran alcance.
     No creo que esté bien que las personas que cuentan con el beneficio de ser miembros de la iglesia no estén dispuestas a servirla. Creo que el liderazgo de la iglesia debe dar un paso adelante y con valentía invitarlas a destrabar sus conocimientos y a ponerlos al servicio de la iglesia. Contando con recursos humanos y materiales, los pastores podrían ser más útiles a su grey.

     2. El espíritu humano está siempre buscando un lugar al que pertenecer. La iglesia es en potencia un espacio de sanidad y descanso para el alma hambrienta. Es por eso que los domingos, cuando los cristianos van a la iglesia, aquellos que no pertenecen o no van a ninguna dicen a menudo, “Por favor, ore por nosotros también”. Me preocupa que a pesar de todas estas oportunidades para ministrar, la iglesia no es un cuerpo tan amoroso como debería serlo. No es tan afectuoso hacia los que no son parte de ella o no sustentan sus mismos puntos de vista. La iglesia excluye a “los pecadores”.
     Con los pobres y menos privilegiados de la sociedad, la iglesia es muy autoritaria, y sin embargo se aisla de las cuestiones sociales y a menudo se muestra poco amistosa hacia el político.
     Con su petulante postura, la iglesia no trata de entender los puntos de vista de quienes sustentan diferentes convicciones, así que los que no son parte del grupo perciben que la iglesia es un cuerpo que batalla consigo mismo. En este momento somos azotados por el flagelo del VIH/SIDA. Creo escandaloso que las “organizaciones mundanas” hayan estado en la vanguardia ocupándose de los enfermos y moribundos mientras que la iglesia estaba más preocupada acerca de cómo contrajeron la enfermedad y de quién era la culpa.
     Los cristianos debemos reexaminarnos. Debemos reflejar el gozo en el cual creemos. Elegimos ser cristianos. Nadie nos obligó. Tenemos algo bueno para compartir con el mundo, y el mundo desea lo que tenemos. Aún los directores de empresas están contentos de emplear trabajadores cristianos. Seamos afectuosos, serviciales, y gozosos.

     3. Cuando el cristianismo fue introducido entre nosotros, nos enseñaron y hablaron acerca de Dios. Mucho más tarde, las Biblias llegaron a nuestras manos y pudimos leer por nosotros mismos. Hoy la Palabra está al alcance de cada hogar donde se desee consultarla.
     Me preocupa que aunque tenemos más facilidad para leer las Escrituras, hay asuntos que casi han ocasionado división en la iglesia. No logramos resolverlos por causa de las diferentes interpretaciones de la Biblia. En el mismo cuerpo de la iglesia hay diferentes puntos de vista en cuanto a la persona y papel del Espíritu Santo en nuestras vidas. La oración en masa y el hablar en lenguas son temas en discusión. Todo el asunto del culto de estilo carismático es debatido. Se ha producido una fisura entre la juventud y la generación mayor.
     Creo que los teólogos deben adoptar una posición aportándonos la guía de las Escrituras. ¿Qué dice la Palabra en cuanto a estos temas? Sé que algún diálogo ha fracasado por causa de la arrogancia de una o de ambas partes, y sin embargo, si queremos ser fieles a lo que decimos creer, debemos volver a las Escrituras y permitirles que nos guíen para que podamos tener relaciones buenas y sanas entre nosotros.

Ronald Lizwe Moyo fue Director del Programa Juvenil de la Iglesia Hermanos en Cristo (BIC). Actualmente es uno de los directivos de Emthunzini Wethemba, una institución para la rehabilitación de niños de la calle en Bulawayo, Zimbabwe. El y su esposa Sukoluhle tiene dos hijos. Son miembros de la Iglesia Pumula BIC.

De Nicolás Largaespada Alvarez, Nicaragua
     1. Tengo una preocupación acerca de doctrinas y enseñanzas. Vivo en la capital de Nicaragua. Los pastores del campo guardan las enseñanzas que recibieron cuando llegaron los misioneros: por ejemplo, el velo de oración en las mujeres y los vestidos largos, no usar joyas, no mirar televisión ni escuchar otra música que no sea la evangélica.
     En la capital es difícil guardar estas enseñanzas. Los pastores del campo siempre están cuestionando a los de la capital por qué no hacen cumplir los principios enseñados por los misioneros.
     En nuestra última reunión, los pastores acordaron buscar una postura en cuanto a estos temas. Para ese propósito están planeando analizar y discutir el asunto. Participarán pastores, maestros de escuela dominical, e instructores de teología del Instituto Bíblico.
     Para mí, esto es motivo de preocupación. Si ellos quieren adoptar una única postura, alguno va a ser excluído o se excluirá a sí mismo. Hasta ahora hemos convivido a pesar de estas diferencias. Creo que será muy difícil llegar a una única postura. Sé que otros líderes también están preocupados.

     2. Soy uno de los ocho profesores del Instituto Bíblico de Nicaragua, y también soy pastor. El pasado agosto ofrecimos un seminario de una semana acerca de la historia anabautista/menonita en ocho diferentes áreas del país. Entre 20 y 30 pastores participaron en cada grupo. En estos grupos, los estudiantes reciben una antología para leer y preguntas para contestar. Luego traen sus reacciones para discutir en clase.
     En la antología se incluía un documento que dice que Menno Simons creía que Jesús era solamente divino. Menno interpretó que Jesús no tomó de María nada de naturaleza humana. Los estudiantes se preguntaron si la idea de Menno no sería inspirada por el anticristo (I Juan 4:3). Esta interpretación también eran sustentada por algunos otros cristianos del tiempo de Menno.
     El asunto que preocupa a los estudiantes es, si llegamos a la conclusión de que Menno era un hereje, ¿debemos seguir llamándonos menonitas?
     Estoy seguro que hay una respuesta satisfactoria, y me preparo para ayudar a nuestros estudiantes a encarar este asunto y llegar a sus propias conclusiones.

     3. ¿Cómo pueden guardarse los principios anabautistas/menonitas en el día de hoy? El contexto en el cual vivieron los anabautistas del siglo dieciséis era muy diferente del nuestro. Hay avances tecnológicos, la gente está muy ocupada y con poco tiempo para tomar en cuenta la historia si tiene que trabajar en exceso para mantenerse, el atractivo del consumismo…
     Siento que no es posible vivir en el pasado. Tampoco debemos olvidar el pasado.
     ¿Cómo puede la gente moderna poner en práctica en sus vidas aquellos paradigmas históricos que tienen que ver con la manera en que los anabautistas bregaron, vivieron, y murieron?

Nicolás Largaespada Alvarez es pastor en Managua, Nicaragua. Es miembro del Comité Ejecutivo del Congreso Mundial Menonita, representando a América Central y el Caribe.

De Lydia Penner, La Haya, Países Bajos
     1. Mi primera preocupación se relaciona con nuestro compromiso con Dios y con Jesús, ya que creo que hay mucho que nos distrae de nuestro amor a Dios. Nos preocupamos mucho sobre muchas cosas — cosas pertenecientes a la estructura de la iglesia, a la organización de actividades, al ocuparnos de los problemas de la sociedad que nos rodea, como también de la organización de nuestras vidas personales.
     Estoy segura que hacemos muchas cosas buenas en todas esas áreas, pero corremos peligro de perder de vista lo que es básico;de perder contacto con lo central: nuestro amor a Dios. En esto me incluyo yo misma y también a la gente de la iglesia. No estoy pensando en ninguna iglesia en particular, porque lo he advertido al hablar con personas en autobuses, trenes y aviones. Lo he visto en Canadá y en Taizé; es un tema universal de la iglesia.
     Y es algo malo, ya que si el amor a Dios ha dejado de ser central en nuestra vida, perdemos la calidez, el gozo, la satisfacción que la relación con Dios nos proporciona. También nos preocupa menos nuestro compromiso hacia las personas que nos rodean.
     Uno necesita recibir inspiración para mantener ese compromiso y para mí, esa inspiración proviene de Dios en Jesús. Si no procuramos mantener la relación con Dios corremos más peligro de transformarnos en islas de egoismo.

     2. Me preocupa que la iglesia se concentre demasiado en sí misma. Existe la tendencia de preocuparse tanto por la supervivencia de la iglesia tal cual la conocemos, al menos en Holanda, que a veces corremos el peligro de ignorar las necesidades del mundo que nos rodea. No digo que no hagamos nada, pero esta preocupación por la supervivencia puede ser excesiva.
     En general a la gente le preocupa más su salvación personal, o que sus necesidades personales sean satisfechas en la iglesia. Así se puede perder el poder espiritual que nos permite hacer un aporte significativo a la sociedad. Estamos para servir a cualquiera que se nos acerque, incluyendo por ejemplo los musulmanes o los hindúes que viven en nuestra ciudad. Tenemos que darles amor; esa es la esencia del evangelio. Ese amor puede mostrarse en relación con sus necesidades físicas, pero también espirituales; tenemos que comprender que muchas personas tienen necesidades espirituales.

     3. También me preocupan las mujeres en la iglesia, la proporción de mujeres en relación a la de hombres en la iglesia. Según el Génesis, Dios hizo a la humanidad varón y mujer, y ambos han de reflejar la imagen de Dios y han de hacerlo juntos. Una iglesia nunca puede llegar a ser la imagen total de Dios si se pone límites al Espíritu para el uso de los talentos disponibles.
     Si una iglesia tiene reglamentos que excluyen a las mujeres del liderazgo o de predicar, esos reglamentos limitan al Espíritu Santo. Las mujeres tienen la misma responsabilidad de reflejar la imagen de Dios que los hombres. La iglesia que no lo permita estará en inferioridad de condiciones.
     En esencia somos la imagen de Dios. Pero en nosotros esta imagen se ha empañado. Tenemos que recuperarla. Para ello debemos volver a Jesús. Él tiene cualidades masculinas y femeninas; es por ello que las mujeres se sienten atraídas hacia él, como vemos en el Nuevo Testamento.
     Este equilibrio entre hombres y mujeres debe existir en el liderazgo, pero también debe haber un equilibrio en la membresía. En las iglesias menonitas holandesas hay menos representación masculina, y esto no es bueno.

Lydia Penner es pastora en la Iglesia Menonita de La Haya (Países Bajos) Nació en Steinbach, Manitoba, Canadá, trabajó para el CCM en Alemania y estudió teología en los Países Bajos.

De Ambrocio L. Porincula, Filipinas
     1. Mi mayor preocupación tiene que ver con las misiones. Cada iglesia debía tener como meta plantar iglesias, ganar almas. Tengo la esperanza que en los 10 o 20 años próximos la Iglesia Menonita Filipina se autosostenga y sea una iglesia que envía misioneros. Hemos enviado una mujer misionera a Hong Kong en colaboración con la Iglesia Menonita de Hong Kong, y con alguna ayuda por parte de Misiones Menonitas del Este (de EE.UU.). Estamos procurando crear un programa para jóvenes, de 18 a 30 años, en asociación con Global Disciples (Discípulos Mundiales), de la Conferencia Menonita de Lancaster, Pensilvania, EE.UU., lo que permitiría a los jóvenes hacer evangelismo y a la vez brindar servicio. El cincuenta por ciento de los jóvenes procedería de las Filipinas; el otro 50 por ciento vendría de otros países. Todos serían entrenados y luego enviados.
     Siempre animo a nuestras iglesias a tener sus propias iniciativas creando proyectos para su sostén. Las iglesias que cuentan con recursos propios de dinero pueden colaborar en la formación de iglesias. Oro que Dios provea una persona que dirija esa clase de ministerio, para contribuir a cubrir las necesidades económicas de nuestras iglesias.

     2. Otra de mis preocupaciones es cultivar la educación de los líderes de la iglesia filipina, de manera que podamos ser identificados como verdaderos menonitasanabautistas. La mayoría de nuestros pastores procede de diferentes iglesias independientes. Casi todos son labriegos pobres que viven en áreas modestas y no cuentan con dinero para educarse. Tenemos escuelas bíblicas regionales que llevan estudios a los pastores. Los instructores tienen formación en teología anabautista, y están capacitando a los pastores. Y tenemos una pequeña escuela bíblica al norte de Filipinas sostenida por Misiones Menonitas del Este. Tengo la visión de que llegue a ser una buena institución en los próximos 10 años.
     Mi formación ha sido militar. Experimenté la clase de política en las Filipinas que considero la más sucia del mundo. En mi base de entrenamiento, decía en letras grandes frente a la puerta, “Mata a tu enemigo”. Cuando conocí a Jesús, fue una conmoción para mí aprender de la Biblia, “Ama a tus enemigos”. Tuve que buscar a fondo. Pedí libros a mi pastor. Estudié la teología anabautista. Ahora exhorto a mis pastores que practiquen la noviolencia. Les dijo, “Primero sean fieles a Dios, y segundo a la iglesia a la cual pertenecen—la iglesia anabautista”.

     3. Otra preocupación que tengo es la de ayudar a la comunidad en sus necesidades, cooperando con agencias sociales y económicas. La iglesia no hace suficiente en cuanto a esto. Damos más importancia a nuestras propias necesidades. Digo a mis pastores, “Practiquen lo que predican. Sean un buen ejemplo”.
     Las iglesias pueden crear empleos, no solamente para ellas mismas, sino también para los no creyentes. Hay no creyentes trabajando en mi pequeña fábrica. Cuando estoy en casa, tenemos de 10 a 30 minutos de estudio bíblico y oración en la fábrica a primera hora en la mañana. Es una manera en la que ellos pueden escuchar el evangelio. El noventa por ciento de los obreros se ha convertido.

Ambrocio L. Porcincula es uno de los cuatro obispos que tiene la Iglesia Menonita en las Filipinas, y es moderador de los cuatro distritos. Cultiva arroz y es comerciante y también es abuelo de tres pequeñas niñas.

De John Lapp, Estados Unidos
     1. Mi primera preocupación es acerca del conocimiento bíblico de la iglesia. Casi todos los Menonitas y Hermanos en Cristo de Norte América saben leer, pero parecen saber cada vez menos acerca de la Biblia. Muchos no leemos la Biblia con regularidad y muchos menos la estudiamos.
     Para comprender la Biblia no alcanza con conocer las palabras. Es necesario entender lo que el autor estaba diciendo, el contexto en el que lo dijo, escuchar al Espíritu al traducir el texto original para la situación de la iglesia en el siglo veintiuno.
     Las formas tradicionales en las que aprendimos a entender la Biblia ya no parecen funcionar. La Escuela Dominical a menudo parece sustituir otra lectura de la Biblia. En general, los sermones se limitan a 15 o 20 minutos y pretenden captar la atención más que enseñar. Las familias están demasiado preocupadas para estudiar las escrituras en familia. Sólo algunos pocos profundizan su conocimiento de las escrituras en nuestras escuelas, universidades y seminarios.
     La iglesia crece más cuando la Biblia está en el centro de su vida, cuando los miembros conocen las grandes historias de la Biblia y disciernen su significado en el contexto de la iglesia. La Biblia es una fuente de recursos de la iglesia que exige conocimiento bíblico.

     2. Mi segunda preocupación tiene que ver con la naturaleza de la vida cristiana que generalmente se denomina espiritualidad. La conciencia contemporánea de las dimensiones no físicas de la existencia, así como la influencia del pentecostalismo dentro del movimiento cristiano, han puesto de relieve el espíritu y la espiritualidad. Una espiritualidad bien desarrollada centra su atención en la manifestación del carácter de Dios en la carne. Es una experiencia de vida, una vida disciplinada de oración, de estudio bíblico, y de acción dedicada a amar a Dios y a nuestro prójimo.
     El énfasis en la espiritualidad es siempre necesario en la inglesia. El reciente énfasis en la espiritualidad ha sido un correctivo saludable para una teología que a veces se vuelve muy científica e intelectual. La espiritualidad, sin embargo, algunas veces se concentra en las cualidades internas y subjetivas de la fe a expensas del carácter objetivo y terrenal del evangelio encarnado. La espiritualidad debería relacionar temas bíblicos con los temas básicos de la tarea de vivir.
     Dentro de la familia cristiana, los Menonitas y Hermanos en Cristo están llamados a enfatizar el carácter ético de la espiritualidad, al que denominamos discipulado. Esta espiritualidad supone seguir los pasos de Jesús como comunidad del pacto. La espiritualidad requiere discernimiento moral en la iglesia, y su expresión en la vida del cuerpo de Cristo.

     3. Mi tercera preocupación en cuanto a la iglesia es acerca de la práctica de la misión.
     ¿Cómo practicamos la misión de la iglesia en el mundo si hay iglesias locales en casi todos los países? Ahora que Menonitas y Hermanos en Cristo son un cuerpo verdaderamente global, ¿es hora de que las agencias misioneras decrezcan —al estilo de Juan el Bautista—para que el cuerpo mundial de Cristo pueda asumir su correcta posición central en la misión mundial?
     Hoy hay más menonitas en el Congo que en Canadá, más Hermanos en Cristo en Zimbabwe que en los Estados Unidos, más Menonitas en Andra Pradesh, India, que en Pensilvania. Las iglesias crecen a ojos vistas sin necesidad de agencias misioneras especializadas. Sería inadecuado trasladar el modelo de la sociedad misionera a un medio que es más afín al de la primera iglesia.
     La iglesia mundial espera que llevemos a cabo la misión de manera diferente. Obreros, administradores y juntas habrán de aceptar la iniciativa de la iglesia local. Esto no es sencillo para los norteamericanos, acostumbrados a ejercer liderazgo y dar orientación.

John A. Lapp, Akron, Pensilvania, EE.UU, es Secretario Ejecutivo Emérito del Comité Central Menonita y director del Proyecto Mundial de Historia del CMM.

De Hugo Moreira, Uruguay
     Lo que sucede en América Latina nos insta a abogar por un evangelio integral para la persona integral.
     La globalización debía haber tenido consecuencias benéficas para todos los pueblos del mundo. Lejos de ello, sus efectos son desastrosos para el bienestar de muchos. La iglesia latinoamericana es testigo del sufrimiento de la gente por falta de alimento, de atención médica, de educación.
     Los anabautistas del siglo dieciséis respondían a las realidades de la vida de sus tiempos y contextos. Su teología bíblica en general y la interpretación de la visión anabautista en particular llegaron a América Latina de fuentes norteamericanas y europeas. Creo que para los anabautistas latinoamericanos ha llegado el momento de buscar ser una iglesia con más color y forma latinoamericanos. Me gustaría ver que la iglesia, del norte y del sur, es capaz de contextualizar el mensaje del evangelio y de encarnar las Buenas Nuevas de Jesucristo.
     Me preocupa además la calidad de líderes que estamos ayudando a formar. Están aquellos que no permiten que sus ovejas lleguen a ser líderes por temor a perder sus propias prerrogativas. De esa manera frustran la posibilidad de elegir a David, el pequeño pastor, con todo su potencial.
     La manera en que los líderes deben ser formados es sirviendo de modelo. Esto tiene que ver con nuestro concepto de iglesia. No vamos a la iglesia; somos la iglesia. Si somos la iglesia, somos como Cristo. Si somos como Cristo, somos modelos.
     Jesús nos advirtió, “Yo no vine para ser servido, sino para servir”. Este es el líder por excelencia, el líder siervo. Cuando los líderes poseen esa cualidad, tenemos una iglesia sierva. Un líder siervo es aquel que habla con las personas sobre las cosas que verdaderamente les ocasionan sufrimiento. Muchas personas vienen a la iglesia buscando qué puede hacer la iglesia por ellas, qué es lo que puede hacer Dios por ellas. Lo antes posible, se marchan con su milagro. Entonces, nos preguntamos en qué hemos fallado.
     El buen líder debe tratar de ayudar a cada miembro a transformarse en un líder siervo, que funcione en el cuerpo en la forma particular que le ha sido dada.

Hugo Moreira es pastor en Montevideo, Uruguay. Es miembro del Comité Ejecutivo del Congreso Mundial Menonita en representación de América Latina.

De Enock Shampani, Zambia
     1. Si me hubieran entrevistado hace algunos días, el orden de mis prioridades podría haber sido otro. Ahora, y en vista del ataque al World Trade Center de Nueva York y al Pentágono, me siento inclinado a colocar la necesidad de paz en el mundo como prioridad. Está al tope de mi lista de asuntos internacionales y también continentales.
     La guerra ha ocasionado increíble sufrimiento a la humanidad. Mi propio continente, África, no puede decir que experimenta paz. Es perseguido por guerras civiles y debe enfrentar el desplazamiento de poblaciones. Esto causa estragos en las familias y en la trama de la sociedad. No es sólo la conmoción de la guerra lo que me preocupa, sino además el dolor y el sufrimiento que deben soportar tantos inocentes.
     Muchos países de África acogen a refugiados de países vecinos. Solo en Zambia tenemos cerca de 180,000 refugiados. La mayoría vienen de Angola y del Congo. Necesitan albergue, comida, ropa, atención médica y amor.

     2. Mi otra preocupación tiene que ver con la importancia de la iglesia para hoy. Lo que predicamos en la iglesia no es lo que practicamos en la vida. Hay algunas áreas de la vida de la gente que no estamos cambiando. No estamos haciendo ningún aporte. Nuestro continente está ensombrecido por la pobreza, el crimen y la enfermedad. Lo uno tiene relación con lo otro. Es por eso que deberíamos decir, “soy guarda de mi hermano”. Cuando sé que mi hermano se ha dado al crimen por causa de la pobreza, siento que tengo alguna responsabilidad. Creo que cuando Dios creó el mundo colocó suficientes recursos naturales para llenar las necesidades de todos nosotros. A nadie debe faltarle, porque hay suficiente para sustentarnos a todos. El problemas es la poca voluntad de compartir de los que han sido bendecidos con más o han podido conseguir más de esos recursos.

     3. El tema del VIH/SIDA y la participación de la iglesia en la lucha contra el mismo me preocupa mucho. La iglesia debe ser la sal del mundo. Debe ser la luz. Todos deben aprender de la iglesia. Por largo tiempo hemos permanecido callados en lo que respecta a la lucha contra el VIH/SIDA. No podemos cerrar los ojos a lo que vemos a nuestro derredor. Tampoco podemos hacer oídos sordos a la situación de los huérfanos que reclaman amor y cuidado. Debemos adoptar un método integral para ocuparnos del VIH/SIDA ya que es un desafío a la entera cristiandad.
     He lanzado a los predicadores el desafío de hablar sobre el tema del SIDA desde el púlpito. Es preciso romper el silencio. Le he dicho a mi amada esposa, “Si yo muriera de SIDA, no querría que tú mintieras a la gente. Querría que dijeras la verdad, porque esa es la única manera en que podemos tener esperanza de destruir el temor que está dominando a la gente”.
     En la iglesia de Zambia aprovechamos toda ocasión de un encuentro masivo para hablar sobre el SIDA. Estamos fortaleciendo el sentido de comunidad, las iniciativas domésticas y aspiramos a la formación de educadores de entre la misma gente, en especial entre los jóvenes. Estamos haciendo esfuerzos especiales para alcanzar a los niños pupilos en nuestras escuelas, como también a los que terminan la escuela y están de regreso en sus hogares, lo que los hace más vulnerables. Tenemos un desafío. Podemos contribuir al cambio.

Enock Shamapani es obispo de la Iglesia Hermanos en Cristo en Zambia, y miembro del Concilio General del CMM.

Miembros del equipo de comunicaciones del CMM entrevistaron a la mayoría de las personas citadas en los artículos incluídos más arriba: Doris Dube entrevistó a Enock Shamapani and Lizwe Moyo; Ed van Straten entrevistó a Lydia Penner; Ferne Burkhardt entrevistó a Ambrocio Porcincula; y Milka Rindzinski entrevistó a Hugo Moreira y a Nicolas Largaespada Alvarez.

Todas las fotos de la serie que antecede fueron tomadas por Merle Good a menos que se indique otra cosa.


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