¿Qué debe hacer la iglesia en cuanto al VIH/SIDA?
Los Hermanos en Cristo de Zimbabwe enfrentan el problema
por Doris Dube
En el pasado, cuando alguien moría en Zimbabwe, la gente solía preguntar, “¿Qué pasó? ¿De qué murió?” Ahora nadie pregunta. La muerte se ha vuelto algo tan común, y además, en estos tiempos que nos toca vivir, es mejor no preguntar. Así la familia puede conservar algo de intimidad y dignidad.
En el pasado, los entierros se realizaban sólo en ciertos días y únicamente por la mañana. Ahora, si uno va a un cementerio puede ver grupos de dolientes aquí y allá. Hay entierros todos los días, incluyendo los domingos. Esto sucede porque según las estadísticas que todos conocen en este país mueren unas 3,000 personas por semana a causa de enfermedades relacionadas con el VIH. Nunca había habido una epidemia aquí que se llevara a tanta gente, y tampoco que durara tanto.
En Harare un terreno que debía servir a la ciudad durante muchos años se llenó hasta la mitad en menos de la mitad del tiempo al que estaba destinado. En Bulawayo, un cementerio donde se relizó el primer entierro hace menos de cuatro años está casi lleno. En todos los pueblos grandes y pequeños del país, la tierra está permanentemente recibiendo a los muertos. En las áreas rurales, los aldeanos acostumbraban a mostrar respeto por los muertos suspendiendo el trabajo en el campo durante el velatorio hasta el día del entierro. Ahora la gente deja de trabajar sólo para el entierro; luego la vida continúa como siempre. En nuestra cultura no hablamos de cremaciones, pero puede ser que pronto debamos empezar a hacerlo.
Hace varios meses, el Médico Oficial del distrito de Gwanda, Dr. Iddolor, confirmó la información ya conocida de que 24.5 millones de personas de la región al sur del Sahara están infectadas con el VIH. En los hospitales, 60%-70% de las camas están ocupadas por personas que viven con el VIH. En otra ocasión el Ministro de Salud, Dr. David Parirenyatwa, dijo que el 90% de los pacientes en la mayoría de los hospitales son VIH positivos. Cerca de Mtshabezi en el hospital de Gwanda 33% de las mujeres embarazadas son VIH positivas. El mismo tipo de examen revela que en Beit Breidge, un pueblo vecino de Sud África, 40% de las mujeres embarazadas están infectadas. En setiembre, las estadísticas de Hwange, un pueblo minero, reveló que 31.7 de las muertes registradas en el hospital de la mina desde enero tenían relación con el SIDA. Estas otras cifras que aparecen en los diarios locales nos recuerdan que estamos viviendo en tiempos muy difíciles.
La iglesia empezó a luchar un poco tarde porque el VIH/SIDA se asociaba con la promiscuidad. Ahora muchos advierten sus errores y hacen todo lo posible para corregir ese concepto. La iglesia Hermanos en Cristo en Zimbabwe puso en marcha un Programa de Educación y Concientización sobre el SIDA en 1993. El centro de actividades es el Hospital Distrital de Mtshabezi, cerca de Gwanda. El programa se concentra en cuatro áreas principales.
Continúa enfatizándose que el VIH es una gran amenaza para la humanidad. Se ofrece enseñanza en todo tiempo y lugar posibles, en encuentros de jóvenes, hombres, mujeres y niños de escuela. La información estadística de los medios muestra que todavía ocurren muchas nuevas infecciones, así que enseñar continúa siendo una prioridad. En las escuelas, el gobierno ha incluido el tema en el programa, para que sea enseñado en todos los grupos etarios donde sea relevante. Hombres y mujeres hacen espacio al tema en sus reuniones. Los jóvenes que terminan los estudios se juntan en clubes donde comparten información por medio de juegos y dramatizaciones. Hay planes de impartir conocimientos a los jóvenes para que en la eventualidad de quedar huérfanos puedan comenzar y mantener proyectos que generen ingresos.
Los hospitales de todo el país ya no pueden dar abasto ante la gran cantidad de enfermos en los hospitales, así que muchas personas son enviadas a sus hogares para morir. Sus parientes los cuidan con la ayuda del Programa de Cuidados en el Hogar. La espina dorsal de este programa es el cuerpo de voluntarios que da su tiempo para visitar, alentar y cuidar a los enfermos en sus hogares. Caminan largas distancias para visitar a todos los pacientes que tienen a su cuidado. Muchas veces les llevan un poco de comida de sus propias despensas, ya que no está bien visitar a un enfermo con las manos vacías. Con ayuda del Comité Central Menonita y de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional, la Iglesia Hermanos en Cristo ha podido entregar botiquines a las familias de los enfermos para mejorar el cuidado del enfermo y para que el acompañante no se contagie ni transmita infecciones.
Los huérfanos son el resultado natural de la pandemia. La iglesia está reuniendo información a fin de conocer la cantidad de huérfanos que hay en nuestra iglesia y poder planear su atención. Entre sus necesidades está el pago de sus estudios, uniformes, ropa abrigada para el invierno, y en algunos casos, algo para comer.
Algo que ha sido afirmado por muchas personas relacionadas con la situación es que cuando padre y madre mueren, no es bueno distribuir a los niños entre los diferentes familiares. Lo recomendable es que permanezcan juntos en el hogar y que un pariente se mude con ellos para cuidarlos en su medio familiar. También hay huérfanos que abandonaron la escuela, y encuentran que ahora son cabezas de sus familias aunque ellos también son menores y no están preparados para cuidar de sus hermanos. Ya se ha empezado a entrenar a algunos para iniciar proyectos que generen ingresos.
Las personas que viven con VIH/SIDA están entre nosotros. Necesitan nuestra ayuda. Muchos necesitan amistad y la seguridad de que alguien se ocupará de sus seres amados cuando ellos se hayan ido.
Todos los años la iglesia Hermanos en Cristo incluye un programa para el Hogar y la Familia en su calendario eclesial. Este año una cantidad de congregaciones aprovechó el programa la oportunidad para estudiar temas relacionados con el VIH/SIDA. La Iglesia Central de Bulawayo, invitó a compartir con la congregación a Dumisani Nkomo, un cristiano que ha vivido con VIH los últimos 10 años. Dumisani siente que tiene la misión de advertir a los que no se han infectado y alentar a los enfermos a vivir positivamente. Habló de lo profundo de su corazón y muchos sintieron el desafío de participar en el cuidado de aquellos que han caído enfermos.
Aun en la iglesia muy pocas familias se han escapado de perder familiares a causa del VIH/SIDA. Continuamos teniendo la esperanza de que este sufrimiento termine. Ahora transitamos por una noche oscura. Después de la noche vendrá el día y nos regocijaremos.
Doris Dube, Bulawayo, Zimbabwe, es Editora Regional de África para Correo.