BENSON, el pescador de almas
Un líder zimbabwense
por Doris Dube
En cada generación hay hombres y mujeres en tal armonía con Dios que él habla con ellos y les revela sus secretos Algunas veces les permite atravesar desiertos, y aun allí ellos reconocen el amor y la profundidad de su protección. Lo que Dios revela a esos hombres y mujeres es tan sagrado que, como Jeremías, ellos lloran por las gentes de su generación. Lo que Dios les revela no siempre es fácil de transmitir.
Un hombre que tiene una relación muy íntima con Dios es Benson Nyathi. Dios le habla por medio de sueños y visiones. Una vez Benson tuvo un sueño extraño. Estaba caminando en el parque, aquí en Bulawayo. Es un lugar hermoso con verde césped y bellas flores. Dondequiera que él pisaba, se encendía un fuego. Se apartó del césped y de los árboles y caminó sobre losas de cemento. Pero también se prendía fuego tan pronto sus pies tocaban el suelo en cualquier parte. Estaba incendiando todo el lugar.
Aterrado, empezó a correr hasta que encontró a un anciano que le dijo, "Por más que corras, no podrás apagar el fuego". Al mirar hacia atrás vio que todo hasta donde podía ver, estaba envuelto en un fuego abrasador.
Este sueño le vino después de escuchar un sermón en el Día de las Misiones predicado por el ya fallecido líder de los Hermanos en Cristo, Rev. Steven N. Ndlovu, en la Iglesia Nkulumane, en 1984.
Otra vez Dios habló a Benson cuando atravesaba una época muy difícil en su largo camino de evangelista de puerta a puerta. Fue tan grande el rechazo de su congregación que llegó a pensar seriamente en ir a buscar compañerismo en otra parte. Entonces, Dios le habló. [¿Abakhala ngemva kwakho uzabothini?] ¿Qué harás en cuanto a todos los que están clamando detrás de tí? La voz era tan clara y fuerte que Benson se dio vuelta, pero no encontró a nadie. Estaba solo. Dios había hablado.
Benson ha experimentado muchas frustraciones en su llamado a ganar almas. Otra vez, mientras continuaba orando y buscando el rostro de Dios, tuvo una revelación. En esta visión, fue levantado tan alto en el aire que podía ver todos los suburbios de Nkulumane, Nketa, y Emganwini. Desde allí y hasta donde le alcanzaba la vista, se extendía una alfombra de tejados. Y escuchó que debía considerar que cada uno de esos techos era un púlpito. Cuando estaba a punto de cuestionar ese mensaje, la voz lo castigó diciéndole, "Cuando se trate de salvar almas y ayudarlas a crecer, respóndeme directamente a mí".
Benson trabaja con una premura que nace del deseo de que nadie perezca.
Benson Nyathi nació en una familia que pertenecía a los Testigos de Jehová. Sus padres eran miembros tan devotos que su hogar a menudo se usaba para reuniones. Cuando empezó a ir a la escuela, fue a una escuela anglicana. Debido a su formación religiosa, pronto estuvo participando mucho en la vida de la iglesia. Con el tiempo llegó a ser líder de jóvenes en la Iglesia Anglicana de Bulawayo. Trataba de vivir una vida cristiana; sin embargo, no conocía a Jesús, y sabía que le faltaba algo.
Cuando era un joven, Benson tenía un amigo llamado Elton Tshuma que asistía a la Iglesia Nueva Vida para Todos. Una vez Elton perdió a un amigo debido a una enfermedad. El día del funeral, al cual Benson asistió, el fallecido Rev. Mathe predicó de Juan 1:12, como también de la historia de Juan 9, comenzando en el versículo 1. Benson deseaba tener esa clase de relación con Dios.
Entonces empezó a cuestionar muchas de las prácticas de su iglesia. Aunque el liderazgo quiso elevarlo al cargo de sacerdote, eso no era lo que él quería. Sólamente deseaba servir a Dios. Junto con otros líderes de jóvenes pidió una audiencia con el liderazgo para compartir lo que les preocupaba. Cuestionaban las oraciones litúrgicas. Leían la Biblia y recibían revelación. Cuando se les negó la posibilidad de seguir conversando cerrándoles la puerta en la cara, Benson y algunos otros que también estaban en la búsqueda decidieron abandonar la Iglesia Anglicana.
Por esa época encontró una casa en los suburbios de Nkulumane. Haciendo algunas averiguaciones descubrió que había una iglesia de los Hermanos en Cristo en la escuela Masuku. En sus visitas puerta a puerta una de las personas con las que habían entrado en contacto había sido Benson.
En el culto del Día de las Misiones, Benson entregó su corazón al Señor. Esa noche tuvo el sueño de encender un horno de fuego al caminar por el parque.
El sueño preocupó a Benson por su intensidad. El consejero de Benson en el largo camino hasta este momento le interpretó el sueño. Benson, su consejero y otro hombre formaron la primera célula en su congregación. Un amigo que era un ex combatiente abrió las puertas de su hogar a estos hombres y a sus esposas y pronto germinó la semilla y comenzaron a surgir otras células de estudio bíblico. Estas células han sido la espina dorsal del inicio y el crecimiento de iglesias en Nkulumane y Nketa.
Cuando una célula se fortalecía y se afirmaba en la Palabra, los líderes salían para comenzar nuevas células. A veces, grupos que se habían vuelto muy numerosos, se subdividían. Todos los miércoles por la noche los líderes de células se reunían para recibir más entrenamiento, de modo que ellos también fueran continuamente edificados. En 1991 cuando vino un nuevo pastor, había en Nkulumane más de 16 células. Algunas de las personas que surgieron en Nkulumane han sido instrumentos para la formación de las congregaciones de Nketa y Emganwini.
Para Benson, el ministerio puerta a puerta es su vida. Después del trabajo, cuando todos nosotros estamos deseando llegar a casa para descansar, él siente el llamado de visitar para atraer personas a Dios. Al principio iba solo, pero como esto podía causar problemas en algunas situaciones, ahora va con su esposa. Este equipo de marido y mujer ha tocado muchas almas y ha sido un testimonio para otros. La iglesia ha sido edificada mediante este ministerio.
Dios abre muchas puertas a aquellos que desean servirle fielmente. Una noche después del trabajo Benson sintió deseos urgentes de ir a Nketa. En una de las paradas de ómnibus en Nketa 8, mientras Benson miraba por la ventanilla, vio a una mujer discapacitada regando su huerta desde una silla de ruedas. Entonces sintió que debía bajar del ómnibus y ministrarle. Benson fue a ella, la saludó, y le preguntó si podía entrar y conversar con la familia. Cuando fue recibido, vio que el hombre de la casa andaba con muletas.
La familia se sintió muy contenta al escuchar la Palabra de Dios y abrió sus puertas para más reuniones. Pronto hubo un grupo reuniéndose en la casa para el culto dominical. Para mantener el contacto con la congregación de Nkulumane, el primer domingo de cada mes, el Sr. Knight Ngwabi, uno de los ancianos de la iglesia, llevaría en auto a la pareja a la iglesia más grande.
Esta era una de las maneras en que el cuerpo de la iglesia se iba edificando. También fue una manera en que las luchas de poder dentro de la iglesia surgieron y destruyeron todo lo que había sido edificado.
El grupo de aquel hogar de Nketa podía haber llegado a ser una iglesia de los Hermanos en Cristo, pero eso no iba a suceder. Algunos miembros del liderazgo sintieron que en lugar de instalar la iglesia en el hogar de los discapacitados, la pareja debía encontrar la manera de asistir a los cultos en la iglesia mayor. Esto dolió, y la iglesia perdió a la pareja, junto con todos los que acostumbraban a reunirse en su hogar. Benson ha servido en diversos roles en su congregación. Algunos líderes de su iglesia sintieron que él debía limitarse a ser un diácono. No aprobaban sus visitas a los hogares. Sentían que estaba tratando de hacer sombra al pastor, quien no sentía el llamado a hacer visitas puerta a puerta. Le pidieron que las suspendiera. Fue en esa época cuando estuvo tentado a dejar su congregación, hasta que sintió el desafío de la visión de los tejados.
Antes de ser bautizados, todos los que dan ese gran paso generalmente son invitados a dar su testimonio. Muchos han compartido que quien les presentó al Señor fue Benson en una de sus visitas a sus hogares.
Uno por uno, Benson empezó a invitar al liderazgo a acompañarlo en sus visitas caseras comenzando con el pastor hasta pasar por todos los que tenían cargos principales.
Al evaluar algunos de los obstáculos que han sido frustrantes en su ministerio, Benson dice, "Si hay un pecado que está atando a la iglesia hoy, es las reglas hechas por hombres. Nosotros los líderes somos los que hacemos más daño en la obra del Señor a causa de nuestras separaciones y divisiones. Estas reglas nos impiden asumir nuestras responsabilidades hacia los perdidos."
El deseo de Benson es que todos los cristianos puedan ver a los perdidos como Dios los ve. Aunque él respeta y afirma la tarea que se hace en las instituciones de formación teológica, Benson siente que todos los creyentes están llamados a testificar a aquellos que no han oído y a discipular a los que todavía son jóvenes en el camino. Él cita el relato de la mujer samaritana. No fue a un seminario antes de poder testificar. Tampoco lo hizo Legión. Cuando Jesús tocó sus vidas ellos desearon contarlo al mundo. Un toque de Dios y una carga por las almas perdidas es todo lo uno necesita para ser un pescador de almas.
Hace poco Benson arregló con su jefe que en lugar de trabajar de las 10 de la mañana a las 9 de la noche, saldría a las 5 de la tarde todos los martes para poder visitar hogares. Ya hay tres nuevas células formadas.
Algunas personas no pueden comprar Biblias para su propio uso. Sin embargo, la estrategia de Benson es que todos los creyentes deben tener acceso a literatura que les ayude a crecer.
En sus visitas a los hogares Benson ha sido desafiado por el aumento de huérfanos en nuestro medio, como también por la abundancia de hogares donde los cabezas de familias son menores después que los adultos han muerto. Benson desea que todos los cristianos vean a toda la humanidad como Dios la ve, con necesidades físicas y espirituales.
Benson siente una carga en cuanto a su país. Su visión para los próximos cinco años es que Dios obre en la iglesia y levante hombres y mujeres que reconozcan y escuchen la voz de Dios. Hombres y mujeres que aprendiendo del maestro salgan y edifiquen La Iglesia, no iglesias. Hombres y mujeres que de rodillas dediquen tiempo a orar y a cambiar el mundo.
Doris Dube, Bulawayo, Zimbabwe, es Editora Regional de África para Correo.