Seis dones que las mujeres aportan a la iglesia
por Nancy R. Heisey
El pastor me preguntó, “Mama, ¿por qué tenemos grupos de mujeres?” Yo respondí, “Tenemos grupos de mujeres para edificar la iglesia. ¿Podrías tú, el pastor, lidiar solo con todos esos problemas?” Una mujer menonita congoleña
Escondida entre bien conocidos relatos en el libro del Génesis acerca del patriarca y la matriarca del pueblo de Israel, Abraham y Sara, hay otra historia épica que a menudo se pasa por alto. Lo que es más, constituye un paralelo fascinante del relato del sacrificio de Isaac que ha hecho estremecer a muchos de nosotros al leerlo.
Es la historia de la esclava de Sara, una mujer egipcia llamada Agar, a quien su ama ordenó primero dar un hijo a Abraham y luego echó de la familia porque ese hijo, Ismael, era una amenaza para la herencia de Isaac (Génesis 16:1-15, 21:9-21). No una sino dos veces, cuando Agar ya no resiste más en el desierto, Dios la llama y le proporciona lo que necesita. En realidad, la respuesta de Agar al alabar a Dios demuestra un conocimiento de Dios muy similar al de Abraham: “Tú eres el Dios que me ve”, exclama ella (Génesis 16:13). Abraham dice más tarde, “Jehová proveerá” (Génesis 22:14).
Agar es un modelo bíblico importante para las mujeres de la iglesia. Sin embargo, durante demasiado tiempo hemos reparado apenas que los encuentros entre Agar y Sara ilustran los conflictos con que las mujeres han luchado siempre entre ellas.
Agar, tan fácilmente dejada de lado en el relato bíblico, representa a las mujeres comunes que a menudo han sido ignoradas, y algunas veces desdeñadas y rechazadas. Sin embargo, es un testigo luminoso del verdadero carácter de Dios. El Dios de Agar acoge a los marginados, a los extranjeros, a los que el mundo no tiene en cuenta.
Como ocurre con las historias de muchas otras mujeres de la Biblia y de la iglesia de todos los siglos, en Agar vislumbramos algunos de los dones que las mujeres tienen para ofrecer a la iglesia y al mundo.
1. El don de comprender el sufrimiento. Un don que las mujeres ofrecen a la iglesia es el de comprender que Dios sufre con ellas y sin embargo no es su voluntad que sufran. A través de la historia, las mujeres han llevado la mayor carga de sufrimiento que los seres humanos se han causado unos a otros. En sociedades patriarcales de todo el mundo, las mujeres han recibido maltratos físicos, han sido despojadas de propiedades y de otros medios de supervivencia económica, y algunas veces hasta de sus hijos. Las mujeres han sido violadas, torturadas y matadas por protestar en cuanto a las injusticias y por mantenerse firmes en su fidelidad a Dios. Las mujeres han sacrificado horas de sueño, alimento y aun sus vidas para proteger la vida de sus familias.
En ocasiones, las mujeres han parecido soportar en silencio este sufrimiento, aceptándolo con resignación como si estuvieran destinadas al mismo. Pero también han dado testimonio de que Dios está con ellas, y que especialmente mediante la muerte de Jesús, Dios sufre cuando ellas sufren. Puesto que los poderes del mal todavía hacen valer su derecho sobre el mundo, no siempre pueden escapar del dolor. Sin embargo, una y otra vez las mujeres han dado testimonio de que Dios las ve, oye sus clamores, sufre junto con ellas.
2. El don de amar y compadecer. Las mujeres también tienen para ofrecer dones de amor y compasión en todas las sociedades humanas. La filósofa estadounidense Martha Nussbaum señala que estas dos capacidades, consideradas básicas por los filósofos antiguos y modernos para el bien común de la humanidad, siempre se han manifestado en las vidas de las mujeres. Las mujeres dan a luz y alimentan a los infantes; son las que más se ocupan del cuidado de los niños; y cultivan, cosechan y preparan casi toda la comida que consumen sus familias extendidas. Las mujeres cuidan de sus padres enfermos y ancianos, de sus maridos y de sus hermanos.
Esta capacidad de amar y cuidar de los demás siempre ha estado presente en la comunidad de creyentes, incluyendo además de la propia familia, a los miembros de la comunidad de hermanas y hermanos en Cristo. El libro de los Hechos nos ofrece una instantánea de la discípula Dorcas, quien cosió túnicas para viudas pobres y sus hijos (Hechos 9:36-42). En el siglo tercero después de Cristo una plaga terrible afligió a la ciudad de Alejandría, en Egipto. Mientras otros ciudadanos huían para salvar sus vidas, los cristianos fueron a cuidar de los enfermos y moribundos. De acuerdo con un informe del obispo, lado a lado con sacerdotes y diáconos que valientemente cuidaban a las víctimas de la plaga, había “algunos laicos de gran valía”, sin duda mujeres que compartían su capacidad de amar y cuidar de los demás. En la India del siglo pasado, fue de filas de las mujeres cristianas que salió la mayor cantidad de enfermeras del país en proporción con el minúsculo porcentaje de cristianos que forman parte de la población india.
3. El don de ser poderosas testigos de Jesucristo. Las mujeres cristianas usan sus dones de amor y compasión para actuar más allá de la comunidad cristiana, dando así un poderoso testimonio acerca de Jesucristo. Desde el principio de la iglesia, cuando mujeres fieles fueron las primeras en testificar que la tumba de Jesús estaba vacía, las mujeres han seguido proclamando el amor de Cristo. Como a menudo no han sido facultadas para predicar y evangelizar, las mujeres han aprovechado sus contactos diarios con amigas y vecinos, lo mismo que con extraños, para compartir las buenas noticias.
Elizabeth, una anabautista holandesa arrestada en 1549, fue acusada por sus secuestradores de ser una “enseñadora”. En Tanzania, Miriamu Kisigoro, una mujer menonita que padecía una enfermedad ósea, dijo, “Yo soy una evangelista de Dios. Me gusta difundir el evangelio y mostrar a otros la bondad de Jesús, aun cuando no puedo caminar mucho para visitar a las personas”.
4. El don de reclamar la liberación de Dios. Hay aun otro don que las mujeres ofrecen a la iglesia y es el de reclamar que la liberación de ellas y de toda la gente es la voluntad de Dios. El mismo Jesús fue confrontado por dos mujeres que tomaron la iniciativa de pedirle lo que necesitaban. La mujer con la hemorragia traspasó los límites de las reglas de pureza de su cultura para recibir el beneficio del poder sanador de Jesús (Marcos 5:24-34). La mujer sirofenicia desafió a Jesús a incluir a su hija en su comunidad de salud, presionándolo para que abriera los linderos de su ministerio más allá de su propio pueblo (Marcos 7:24-30).
A través de los siglos las mujeres han conocido que el evangelio era para ellas y que esta buena nueva significa que deben tener la libertad de usar todos los dones que Dios les ha dado. En efecto, reconocer la libertad que hay en Cristo tal vez sea el más milagroso de todos los dones que las mujeres tienen para ofrecer a la iglesia, porque ellas han insistido en reclamar que se las considere personas plenas a pesar de las continuas barreras de interpretación bíblica y orden eclesial impuestas sobre ellas con el fin de limitarlas.
Mujeres menonitas y Hermanos en Cristo de Japón y del Congo, de Canadá y Colombia, han llamado a la puerta del liderazgo eclesial y con valor han traspuesto el umbral. Esto a pesar de la oposición que surgió cuando la puerta se abrió.
5. El don de llenar vacíos. A veces las mujeres han ejercido liderazgo de una manera que refleja todavía un don más: llenando los vacíos. Las mujeres ven pronto lo que debe hacerse, y tranquilamente llevan a cabo la tarea cuando otros no lo hacen.
Juana García, una Hermana en Cristo de Cuba, lideró la iglesia de ese país durante los años más difíciles del régimen comunista cubano, y la mantuvo viva mientras los líderes jóvenes eran elegidos y formados. En la India, una comunidad menonita recurrió a sus jóvenes mujeres estudiantes de teología para la predicación, porque no había hombres que expresaran interés en la tarea.
Pero las mujeres no solo llenan vacíos en el liderazgo. Llenan vacíos en muchos aspectos de la vida de la iglesia. Nadie se da cuenta que muchas mujeres, mientras trabajan en la cocina o cavan la tierra, o desde sus sillas de ruedas, ponen delante de Dios las necesidades de la iglesia y del mundo. Las mujeres son las que traen flores para decorar los lugares de reunión, enseñan a los niños en la escuela dominical, y asisten regularmente a los cultos. Las mujeres a menudo son las que aportan más fielmente a la ofrenda en la iglesia.
6. El don de demostrar qué es ser comunidad. Las mujeres ofrecen a la iglesia y al mundo en don al demostrar el poder de la comunidad para realizar la tarea de la iglesia. Dicen los evangelio que Jesús llamó a un grupo de hombres para ser sus discípulos. Pero Lucas escribió que varias mujeres se juntaron, aparentemente por su cuenta, para viajar con Jesús y para ayudarlo con sus bienes (Lucas 8:1-3). Este concepto se hizo visible en la iglesia primitiva, cuando hubo mujeres que se organizaron en órdenes monásticas para vivir una vida de pobreza y obediencia, algunas como parte de sus congregaciones locales y otras retirándose de la sociedad.
Trabajar juntas continúa siendo el estilo de las mujeres, desde las madres de los “desaparecidos” en la Argentina que se reunían en la plaza todas las semanas en protesta silenciosa contra un régimen represivo; hasta los grupos de mujeres desde Dhaka a Denver, cuyos artículos de Ten Thousand Villages aumentan las entradas para sus familias; a dos mujeres estudiantes en la Universidad Menonita del Este, en Harrisonburg, Va., EE.UU., donde enseño, que organizaron una campaña para reunir 1000 frazadas para refugiados de la guerra en Afganistán. [Ten Thousand Villages (“Diez Mil Aldeas”), es un programa del Comité Central Menonita que vende en Norte América artesanías producidas por personas del Tercer Mundo, pagándoles un precio justo. N. de T.]
Este don de comunidad puede ofrecer a la iglesia un modelo para trabajar juntos y conseguir que se hagan cosas no en base al poder y la autoridad, sino a la cooperación y al respeto mutuos.
Por cierto estos dones no son exclusividad de las mujeres. Pueden y deben ser aprendidos y practicados por todos los miembros de la comunidad de creyentes. De igual manera, las mujeres también pueden ofrecer dones que a menudo se cree que pertenecen a los hombres, tales como hacer teología y liderar en instituciones de la iglesia.
Al aprender unos de otros y compartir unos con otros, debemos dar gracias siempre por las maneras en que los dones menos reconocidos en las mujeres han edificado a la iglesia y han contribuido a mantenerla fiel a su llamado a seguir a Cristo fielmente.
La autora, Nancy R. Heisey, es presidenta-electa del Congreso Mundial Menonita. Asumirá el cargo de presidenta después de África 2003. Nancy es profesora de estudios bíblicos e historia de la iglesia en Eastern Mennonite University, Harrisonburg, Va., EE.UU.
Encuentro de mujeres menonitas congoleñas pide
que la iglesia acelere la ordenación de pastoras
Kinshasa, República Democrática del Congo (RDC) Al final de la primera conferencia de mujeres teólogas congoleñas realizada aquí del 8 al 10 de noviembre de 2001, las participantes fundaron una Asociación de Mujeres Teólogas Menonitas Congoleñas. Eligieron también un comité de seis miembros, siendo la pastora Mama Kadi Hayalume, de Kinshasa, la primera presidenta.
Los tres días de estudio bíblico, presentaciones, y talleres en base al tema “Mujeres, testigos de Jesucristo” congregó a 30 mujeres menonitas formadas en seminarios e institutos bíblicos. Fue ésta la primera de tres conferencias regionales auspiciadas por el Proyecto de Compartir Dones Globalmente del Congreso Mundial Menonita. Otras conferencias tendrán lugar en 2002 en Zimbabwe y en África oriental.
Durante la conferencia, las mujeres reflexionaron acerca de su papel de testigos de Jesucristo, trabajando por un desarrollo armonioso de la iglesia y de la sociedad.
En sus presentaciones, Madam Charlotte Djimbo y la pastora Kakhenda dijeron que las mujeres menonitas en el Congo no están adecuadamente integradas en sus comunidades. Las mujeres pueden involucrarse más si les es posible desarrollar sus capacidades de liderazgo y vivir de acuerdo con los valores éticos en la vida diaria.
Al final de la conferencia, las participantes acordaron:
- concientizar más a las mujeres y jóvenes en cuanto a su participación en un desarrollo integral;
- publicar una revista para las mujeres menonitas teólogas;
- aumentar la cantidad de encuentros entre menonitas y ecuménicos para mujeres teólogas a nivel nacional e internacional;
- crear un espacio en Internet para facilitar la comunicación;
- destacar los valores menonitas/anabautistas mediante proyectos que ayuden a las iglesias a ser más autosuficientes;
- demostrar estilos positivos de liderazgo femenino.
Las participantes también hicieron una lista de más de una docena de pedidos a sus iglesias, incluyendo: enviar más mujeres misioneras; acelerar los procesos oficiales de ordenación y colocación de mujeres en ministerios pastorales; establecer claramente la tarea de cada persona cuando se llama a una pareja en la que ambas partes tienen formación teológica; involucrar a la iglesia en cuestiones sociales y políticas y dar un ejemplo a los gobernantes basado en éticas de amor, de noviolencia, y honestidad; ofreciendo becas para estudiantes mujeres y cultivando buenas relaciones con líderes religiosos y capellanes en universidades, a fin de alentar a las estudiantes del sexo femenino; y creando centros sustentables para el cuidado de la salud de las estudiantes.
“La reunión constituyó un paso adelante en la historia de las comunidades menonitas de la RDC y tendrá un papel formativo en el futuro de estas comunidades”, dijo la pastora Mama Fabienne Ngombe Kidinda, una de las organizadoras del encuentro. Las mujeres han recibido una misión extraordinaria ser agentes de reconciliación entre Dios y la humanidad.
Mama Kidinda dijo que no hay razón por la cual las teólogas, formadas en los mismos programas que los hombres, no puedan asumir las mismas responsabilidades con los mismos beneficios. Es injusto y distorsiona la realidad que de 60 teólogas menonitas y Hermanos en Cristo de Zimbabwe, Zambia, Tanzania y la RDC, solo una de ellas haya sido ordenada. Es la Pastora Mama Charly Lukala, del Congo (en la actualidad residente en Francia).
Además de contar con el apoyo del programa del CMM de Compartir Dones Globalmente, la consulta congoleña fue posible gracias al aporte del Comité Central Menonita, de Misiones y Servicios de los Hermanos Menonitas, y del Comité Nacional Inter-Menonita (CONIM).
Otras dos conferencias de mujeres se planean para 2002. Una tendrá lugar en Zimbabwe; la otra será en África oriental. Luego de estas conferencias, un comité continental hará una síntesis de las conclusiones y presentará un informe a África 2003, la Asamblea del CMM en Bulawayo, Zimbabwe en agosto de 2003.