Mensaje de apertura de la conferencia de mujeres teólogas congoleñas:
Brillando como estrellas en esta generación
por la Pastora Mama Fabienne Ngombe Kidinda
Qeridos hermanos y hermanas en Cristo: ¡cuánto gozo sentimos por estar en su presencia en este histórico día del primer encuentro de mujeres teólogas menonitas congoleñas! A pesar de sus diferentes responsabilidades pastorales, domésticas, académicas, y profesionales, ustedes nos han hecho el honor de responder a nuestra invitación y recorrer largas distancias para estar con nosotras.
Esta conferencia es un importante hito en la historia de las iglesias menonitas del Congo. Este primer encuentro tendrá como resultado el establecimiento de estructuras que permitirán a las teólogas menonitas vivir plenamente su fe y mejorar las condiciones de vida de hermanos y hermanas de las diferentes iglesias menonitas.
Las teólogas de las iglesias menonitas del Congo, hemos recibido un claro llamado. Tomemos con seriedad nuestras responsabilidades, porque si decidimos ponernos de pie, nuestro papel en la iglesia y en la sociedad será una luz para todos. Recibiremos poder para compartir nuestros dones especiales tales como la amabilidad, la moderación, la sensibilidad, y el amor a todos los niveles dentro de las iglesias. Pero si decidimos permanecer sentadas o de rodillas en lugar de ponernos de pie, la luz que poseemos nunca brillará.
Nuestro tema, “Mujeres, testigos de Jesucristo”, no fue elegido por casualidad. Por el contrario, es un desafío que las teólogas menonitas congoleñas debemos aceptar en este momento crítico de nuestra historia. En efecto, nuestra necesidad de involucrarnos plenamente es urgente, porque el mundo en que vivimos está experimentando constantes y profundos cambios.
Este tema nos obliga a reflexionar acerca de nuestra misión de mensajeras, enviadas al mundo para proclamar las buenas nuevas de salvación por la fe. Esta es una misión noble, difícil e importante. Debemos cumplirla cualquiera sea el costo.
Sabemos que Dios es amor, que Dios nos ama a todos de la misma manera y sin distinciones. Y la gran revelación de Jesucristo fue el amor de Dios por los perdidos. Este mensaje fue aclarado a través de todo el Nuevo Testamento. Antes de Cristo, Dios había elegido un pueblo, colocándolo en un lugar de la tierra: el pueblo de Israel. Pero a partir de Jesús, Dios ha invitado a todas las
gentes de la tierra sin distinción de raza, nacionalidad, ni religión, a ser parte del pueblo de Dios.
Por medio de Jesucristo, Dios abrió un nuevo pacto, accesible para todos. El antiguo pacto de justicia, con sus guerras santas, ha cedido el paso al nuevo pacto, que es el pacto de la gracia y el amor de Dios manifestado por medio de Jesucristo.
¿Qué diferencias hay entre la misión de Dios antes y después del nuevo pacto? En el antiguo pacto, el pueblo de Dios era usado por Dios no solamente para llevar a cabo los planes de Dios, sino también para hacer justicia. Mandado por Dios, Israel conquistó Palestina (Josué 1:1-2) y se metió en violentas y sangrientas guerras. Gente culpable de serios crímenes fue ejecutada de acuerdo con la ley de Dios (Levítico 20:1-2).
Bajo el nuevo pacto, Dios emplea métodos diferentes. Sí, es el mismo inmutable Dios, que sin embargo
emplea nuevos métodos de acción. Dios usa paciencia y amor para atraer a un mundo rebelde. Al nuevo pueblo, santo y separado en la tierra, los discípulos de Dios, ha sido dada una misión que se inicia con la resurrección de Jesucristo.
Esta extraordinaria misión es ser agentes de reconciliación entre Dios y los seres humanos. El pueblo de Dios debe “brillar como estrellas” en medio de una “corrupta y perversa generación”. Y nosotros debemos llevar la palabra de Dios a los demás (Filipenses 2:15-16). El objetivo principal del pueblo de Dios es no solamente mejorar el mundo social y moralmente, sino en especial dar a
conocer el amor de Dios manifestado en Jesucristo.
Sabemos que la conversión al evangelio de una parte importante de la población de un país, traerá un despertar social y moral. ¿No es éste el momento para que respondamos al llamado y hagamos conocer la verdad de aquel que nos ha salvado?
Al aceptar el desafío de ser mujeres que participan en la vida y tarea de la iglesia y la sociedad de nuestro tiempo, necesitamos nuevas ideas y visiones. Descubriremos éstas al interactuar con los marginados de nuestras comunidades. Este es el desafío que confrontan las teólogas menonitas y la iglesia de hoy.