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Publicación Trimestral del Congreso Mundial Menonita
Segundo Trimestre 2002, Volumen 17, Número 2
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La reforma de un guerrillero en Colombia:
De la violencia a la paz, de la destrucción a la vida
por Rudy y Helen Baergen, con Dan Dyck

     El Señor está conmigo. Iré a donde quiero ir. Asistiré a clases por la noche. ¡Si me matan, será porque eso entra en los planes de Dios también”, dice Raúl (nombre ficticio), un estudiante del Seminario Menonita de Bogotá.
     Antes de renunciar a sus armas, Raúl había sido un líder intelectual de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Por haber cursado tres años en la Facultad de Derecho, tenía a su cargo el entrenamiento político e ideológico.
     Pero Raúl estaba descontento con una vida concentrada en destruir. Tenía que existir un propósito más noble para él. Este sentir lo condujo finalmente a experimentar una transformación personal y a la fe en Cristo; ahora tiene la convicción de que Dios tiene un propósito para cada persona. Habla con elocuencia acerca de cómo Dios lo protegió, lo ayudó a salir de las FARC, y ahora lo está usando para contribuir a la vida y no a la destrucción en Colombia.
     Hace siete años, explica Raúl, el gobierno colombiano creó un programa para alentar a revolucionarios que deseaban la paz a reintegrarse en la sociedad. Pero las amenazas de muerte de parte de las FARC y de los combatientes paramilitares de las UAC (Unidades de Autodefensa de Colombia) dificultan el reintegro. Los que desean la paz viven en el temor y tienen que esconderse. Muchos son asesinados. Vivir con sus familias pondría en peligro a todos, así que a menudo viven solos ocultándose en ciudades grandes como Bogotá. Ambas partes en el conflicto tratan de persuadirlos o presionarlos para que vuelvan a formar parte de esa espiral de violencia. A Rául le fue ofrecido un buen salario si aceptaba trabajar para los paramilitares.
     En medio de esta precaria existencia, Raúl tuvo una visión: usar la abundante producción de frutas de su país para proporcionar vida y gozo a la gente de Colombia y de fuera del país. A raíz de esta visión surgió una empresa llamada Flor Viva. La declaración de propósito de Flor Viva dice: “Creemos en nosotros mismos, creemos en la esperanza, creemos en la vida, vida que es generada por la tierra, la misma tierra en la cual nos movíamos en una existencia sombría. De esa forma transformamos la vida producida por nuestros campesinos, el fruto de sus labores, en pulpa y jugo deliciosos para el deleite de nuestra sociedad”.
     Raúl y sus siete compañeros de trabajo, todos antiguos miembros de las FARC y varios de los cuales participan hoy en la iglesia menonita, enfrentan muchos desafíos. El más grande es el temor. Cuando Raúl desertó de las FARC, tuvo la oportunidad de salir del país, pero decidió que Dios tenía un propósito para él en Colombia. Su madre trató de disuadirlo de comenzar una fábrica de fruta; le pareció que lo haría más vulnerable; sabrían dónde encontrarlo. Pero la visión se mantuvo. Dice con una sonrisa tranquila que no tiene temor, a pesar de los asesinatos de varios compañeros. Con la ruptura de las negociaciones de paz, Raúl y sus empleados corren aun mayores riesgos, ya que se les acusa de pasar información a los militares.
     A veces Raúl habla entusiasmado sobre el proyecto de la fruta. Su éxito demostrará que hay otro camino, que es posible dejar atrás la violencia. El desafío es ahora desarrollar y abrir mercados nacionales e internacionales.
     Flor Viva produce jugo y pulpa de unas veinte frutas, todas de Colombia. La planta cuenta con equipo moderno y cumple con todas las normas sanitarias. Un congelador tiene capacidad para almacenar tres toneladas del producto.
     Flor Viva espera vender a restaurantes, hospitales, escuelas y aun a los militares, ya que éstos son consumidores de jugo y fruta a gran escala. Raúl sonríe al pensar que los militares colombianos puedan disfrutar su revitalizador jugo de fruta y con una risita entre dientes dice, “¿No sería una deliciosa ironía?”

Rudy y Helen Baergen son obreros internacionales de Mennonite Church Canada Witness, y profesores en el Seminario Menonita de Bogotá. Este artículo fue publicado por la Iglesia Menonita de Canadá.

Miembros de las FARC se vuelven Menonitas

     Cuando la iglesia menonita de Bogotá, con 42 miembros, empezó a trabajar con ex miembros de las FARC que habían dado la espal da a la violencia, hubo algunos en la iglesia que se sentían amenazados y se oponían enérgicamente a la iniciativa.
     Tener antiguos miembros de las FARC adorando en su congregación sería un riesgo para todos. Los paramilitares piensan que “un guerrillero nunca deja de serlo”, explica el pastor Luis Hernández (nombre ficticio). No sería imposible que entrara un pistolero durante el culto para vengarse.
     Los miembros de las FARC que se volvieron menonitas no solo corren peligro de parte de los miembros de la UAC, sino también de sus mismos compatriotas de la causa revolucionaria. Los traidores, especialmente los de mayor rango en la organización, son una amenaza para el movimiento.
     Pero el llamado que sintieron Hernández y su iglesia fue aceptar a dichos individuos, y un grupo de antiguos integrantes de las FARC empezó a identificarse con su congregación. Unos ocho antiguos soldados de las FARC, hombres y mujeres, se congregan hoy con ellos.


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