Paz en Siria

6 de septiembre, 2013

 

Conflicto in Siria

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Les saludamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Hoy lamentamos las horrendas e inhumanas atrocidades – cuyos informes inundan nuestros periódicos y dominan nuestras pantallas de televisión – mientras el mundo está consternado y preocupado por la actual violencia en Siria y por un conflicto que potencialmente se puede extender.

Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo: "¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos” (Lucas 19:41-42).  

No es difícil imaginar a Jesús llorando todavía hoy: por Damasco, Washington, D.C., Moscú, París, Londres, Jerusalén, Cairo, Nueva York, Beijing, y por muchos lugares más. El mundo no se encuentra de la forma en la que estaba destinado a ser. Al nacer Jesús los ángeles proclaman “paz en la tierra” (Lucas 2:14). A través de Él Dios esperaba “reconciliar al mundo” llamando a la iglesia a ser colaboradora de Dios en el ministerio de la reconciliación (II Corintios 5:18-19).

El Cuerpo de Cristo llora con Jesús hoy. Lloramos no solamente por Siria, sino también por otras situaciones que afectan a nuestros hermanos y hermanas: el envenenamiento de los cultivos y el suministro de agua en el Chocó, Colombia; la tierra robada por las grandes corporaciones multinacionales en Panamá; el conflicto y la guerra histórica y permanente en el Congo; la alienación y el sufrimiento en Egipto; y los millones de refugiados desplazados por la contienda humana. Lloramos porque los patrones dominantes al enfrentar la violencia, proteger a los vulnerables, y trabajar por la paz siguen siendo las estrategias de aumentar la militarización, confiar en la venganza y confiar en el castigo. Nuestro mundo sigue esperando la paz mientras se prepara para la guerra.

El Jesús que llora escogió un camino diferente. Decidió confiar en la soberanía de Dios sobre las naciones. Afirma la convicción del profeta Isaías que: “Aunque estos pueblos braman como aguas encrespadas, huyen cuando él los reprende…” (Isaías 17:13).

Por sobre todo, Jesús escoge el amor sufrido hasta el punto de la muerte en la cruz, en lugar de las opciones militares de terrorismo, revolución, o la protección del interés nacional. Dios transforma este amor sufrido en Evangelio. A través del poder de la resurrección, Dios convierte el arma de terror del estado romano (la cruz) en “el poder de Dios para salvar” (I Corintios 1:18).

El Evangelio es la respuesta de Dios al pecado del mundo, y es dada a un mundo aún no redimido. El Evangelio es Buenas Nuevas a causa del pecado, no a pesar de él. Como seguidores de Jesús, la iglesia también “busca la paz y la sigue” (Salmos 34:14). El apóstol Santiago tiene un oportuno recordatorio para nosotros sobre el vínculo inseparable entre la búsqueda de la paz y la esperanza de la justicia:

“Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas. En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera. En fin, el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacen la paz. (Santiago 3:16-18).

Les invitamos a hacer manifiesta esta vocación de paz por medio de la justicia a través de:

1)    La Oración: Oremos por todos aquellos que se ven a sí mismos o a otros como enemigos. Oremos unos por otros como hermanos y hermanas en Cristo  – en nuestra comunión y más allá de ésta – mientras buscamos vivir nuestra vocación del amor sufrido en medio del rugido de las naciones. (Tenga en cuenta que el Consejo Mundial de Iglesias también ha designado el 21 de septiembre como el “Día Internacional de Oración por la Paz” http://www.oikoumene.org/en/press-centre/events/international-day-of-prayer-for-peace).

2)    La Adoración: El Congreso Mundial Menonita ha destinado el Día Internacional de la Paz (22 de sept.) como nuestro momento para expresar nuestra vocación de paz en la adoración. Favor de participar en esta ocasión que tenemos de compartir. Los materiales para este servicio pueden encontrarse en http://www.mwc-cmm.org/sites/default/files/website_files/peace_sunday_2013_es.pdf

3)    El Testimonio: No dude en pasar esta carta a otras personas como lo considere apropiado: familia, amistades, otros cristianos de otras denominaciones, líderes gubernamentales y medios de comunicaciones.

4)    El Compartir: Favor de visitar http://www.mwc-cmm.org/node/680?language=es , https://www.facebook.com/MennoniteWorldConference o de enviar un correo electrónico a rjsuderman@mwc-cmm.org compartiendo lo que han hecho o están planeando hacer en cuanto a la adoración, la oración y el testimonio. Será una fuente de inspiración y aliento para que otros participen.

Hay muchos lazos que requieren de nuestro compromiso. Enfrentamos tiempos de llanto, de prueba y de elección. Nuestra oración es:

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes (II Corintios 13:14).

                                                                                                                                  

César García                 Paulus Widjaja                                     Robert J. Suderman    

Secretario General       Presidente de la Comisión de Paz       Secretario de la Comisión de Paz

 

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Comments

Un mensaje de nuestra hermana, Ofelia García de Pedroza:
Esperaba con ansia un pronunciamiento como este. Gracias por enviarlo y tomar la iniciativa.
"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios"  Mt. 5.9
El Señor les bendiga.