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La palma de la mano abierta: Construcción de paz en Naciones Unidas

Thien Phuoc Quang Tran es el pasante 2017-2018 del Congreso Mundial Menonita/Programa Internacional de Intercambio de Voluntarios sirviendo en la oficina del CCM en la Organización de las Naciones Unidas. Está en la foto con un cartel que dice “Llegando, me siento esperanzado.” Tran es de la ciudad de Ho Chi Minh, Vietnam. Foto: CCM/Diana Williams.
fecha de publicación: 
Jueves, 1 Febrero 2018

Crecer siendo hijo de un predicador me permitió estar inmerso dentro de los valores cristianos. Cada recuerdo que tengo gira alrededor de la Iglesia Menonita de Vietnam en la ciudad de Ho Chi Minh. Aprendí el camino de Cristo  — amar al prójimo y dar a los pobres.

En Vietnam, tenemos una filosofía llamada “la palma de la mano abierta.” La palma de la mano hacia arriba no es un gesto amenazante sino que recuerda el gesto de súplica de un mendigo. Una persona a la que uno se dirige no se sentiría amenazada por el gesto, además, se usa de forma universal como una manera de saludar. Como cristiano, también estoy familiarizado con la imagen de Dios con las manos abiertas.

Cuando recién llegué a Nueva York para comenzar mi pasantía de un año con el Congreso Mundial Menonita/Programa Internacional de Intercambio de Voluntarios, en la Oficina del Comité Central Menonita (CCM) en la Organización de Naciones Unidas, me enfrenté a la realidad.

En la Organización de Naciones Unidas cuando las personas hablaban sobre la imposición de sanciones en la República Popular Democrática de Corea, también conocida como Corea del Norte, las intervenciones militares en Siria y el conflicto en la República Democrática del Congo, me sentía deprimido; habían demasiadas atrocidades y eran terribles.

Desafortunadamente, me di cuenta que las personas en el poder frecuentemente encuentran más fácil destruir que construir, oprimir que entender. Cuando encendemos el televisor, vemos una carrera armamentista, conflictos y amenazas nucleares. La mayoría de la gente piensa que la fuerza militar asegura la paz, pero en realidad, solo trae miedo y destrucción. La mayoría de los países encuentran que la idea de ejercer el poder es atractiva: con poder y con riqueza, pueden proteger al débil, ayudar al pobre y brindar “seguridad al mundo.”

Poco saben que entre más traten de imponer su voluntad en los demás, más resistencia crearán. Sin embargo, hay esperanza.

Hay muchas personas que anhelan la paz y están trabajando arduamente, día tras día, para traerla realmente al mundo. La gente del CCM es parte de este grupo, al igual que yo, y nuestro método está en la palma de la mano abierta.

Me inspiro en Doug Hostetter, el Director de la oficina del CCM en las NU, quien ha vivido esta filosofía de paz toda su vida, inclusive durante la Guerra de Vietnam. En vez de portar armas y balas, como muchos soldados, vino a mi país con el CCM, trayendo libros y lápices para ayudar a los estudiantes vietnamitas a aprender a escribir y a leer su propio idioma. Vivió en la comunidad y se ganó la confianza de los vietnamitas que conoció.

Hoy en día, cuando la mayoría de las personas se mantienen alejadas de la RPD de Corea, el CCM se encuentra allí para traer alimentos y suministros médicos a las personas necesitadas. Tratamos de ser la voz de las personas desplazadas de América Latina y de las zonas en guerra del medio oriente. Nuestra presencia, aunque pequeña, es vital para fomentar el diálogo. 

Esto es lo que creo que significa ser cristiano; damos la bienvenida  a las personas con mentes abiertas, compartimos su dolor y sufrimiento con corazones abiertos. Asimismo, con manos abiertas trabajamos con ellos para traer paz a este mundo. No es fácil, pero me complace ser parte de este esfuerzo para ayudar “a que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo.”

—Artículo de Thien Phuoc Tran Quang

Un comunicado conjunto del Congreso Mundial Menonita y del Comité Central Menonita.

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